LA IMPOTENCIA QUE NOS MUEVE A PONERNOS LA CAPA DE SUPERHÉROE

El artículo es un extracto de L.K. Dino en el que se muestran conceptos clave de su obra, como son la Impotencia afectiva, las Imposiciones seductoras o el Ego instrumental implícito, que están en la base, entre otras, de las personalidades narcisistas.

Redacción Palabras y afecto

8/12/20254 min leer

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Hace años leí la novela El retrato de Dorian Gray, de Óscar Wilde. Entonces yo no sabía ni la mitad de cosas que sé ahora sobre personalidad. Pero hoy me resulta sencillo relacionar aquella trama con lo que llamo el Ego instrumental implícito o personaje cumplidor. A grandes trazos, el protagonista de la novela prefiere verse más joven y bello de lo que es y, aparentemente, encuentra un método a través del que verse siempre magnífico. La trama nos conduce al precio que hay pagar por ello.

Este resumen sirve de marco para entender lo que sucede con el ego instrumental implícito. El personaje cumplidor empieza sacando a la persona de algún entuerto momentáneo a cambio de arrebatarle poco a poco su vida sentimental y sumirle en un conocimiento superficial de sí mismo y en un sistema de motivaciones extrínsecas.

Dejando a un lado la novela y refiriéndonos a la vida, la idea general es que, a veces, cuando no podemos curar algo, aplicamos un remedio que es peor que la enfermedad. Cuando no somos capaces de contribuir a reparar conscientemente una emoción considero que entramos en un estado de impotencia afectiva o incapacidad para repararnos del desequilibrio que pueda generar dicha emoción. Si, por ejemplo, me siento frustrado y no sé identificar mi frustración ni cuándo va perdiendo intensidad ni qué hacer para que la pierda, voy encaminándome hacia un estado de impotencia afectiva. Tras entrar en este estado es cuando puedo acudir a una “falsa solución” que me libere de la frustración y que quedaría en manos del personaje cumplidor, que consiste en identificarme, en la imaginación, con un modelo que me otorgue validez . Claro que también puedo acudir a otras cosas que me den placer momentáneo, como comer algo que me guste..., pero ahora nos enfocamos en la "anestesia" del personaje cumplidor.

Para el ejemplo de la frustración, una sustitución podría ser imaginarme que, en vez de estar frustrado, soy aquel modelo de hombre eficaz que querían mis padres (lo que mis padres consideraban bueno, bajo su moral, por ejemplo, ser un informático aplicado y un padre ejemplar). Focalizar en este modelo de validez puede suponerme una distracción y un sedante respecto a enfocar en una emoción dolorosa. Estarás pensando que eso lo hacemos todas/os, y abordo esas cuestiones en el libro La personalidad instrumentalizada, pero no todos lo hacemos con la misma frecuencia, duración e intensidad, entre otras diferencias. Si de tanto hacerlo termino creyendo que soy tal personaje modélico, inmune a la frustración, pensaré que no hay nada interno por lo que preocuparme, nada interno en lo que pensar. Por tanto, sucesivos estados de impotencia afectiva irían engrosando cada vez más el personaje cumplidor y con ello la instrumentalización de uno mismo, una anestesia recurrente.

Pero el personaje cumplidor, aparte de estar compuesto de la fantasía que lo construye, se compone de la mirada interiorizada de un otro que nos exige cómo debemos ser y que, sin darnos cuenta, va ganando terreno en nuestro interior hasta usurpar en muchos casos nuestra vida afectiva. Por tanto, el personaje cumplidor tiene tanto de fantasía como de exigencia e imposición colonizadora. Estas imposiciones, que en realidad suponen una carga moral, persisten y van en aumento, entiendo, que por dos razones fundamentales: por su componente seductor, que acaba instaurando un sistema motivacional basado en promesas condicionales y en atributos loables, y en la proyección de la culpa.

La persona que vive bajo el dictamen de las imposiciones seductoras no suele atribuirse las culpas de sus fallos ni del daño que pueda causar a los demás, muy al contrario, el personaje cumplidor, esculpido idealmente, parte de que cumple a la perfección con los requisitos y que son los demás los que se los saltan.

Culpar gratuitamente a otros es el mecanismo predilecto para sobrellevar la impotencia afectiva . Culpando a otros me evado del autocastigo que me pondría cada vez que no soy capaz de sentirme bien incluso guiándome con las reglas internas que provienen de las imposiciones seductoras. Las personas que se pasan los días criticando y culpando a otros, y que se muestran incapaces de valorar lo bueno de las personas salvo cuando hay algún interés de por medio (consciente o inconsciente), nos dan una buena pista del nivel de instrumentalización que se ha instaurado en ellos.

© 2025 L.K. Dino.

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